lunes, 28 de febrero de 2011

DANZA DE LOS PAIXTLES

http://www.uv.mx/popularte/esp/mfoto.php?phid=1722


La Danza de los Paixtles
Texto y fotografía: Leticia Tovar y José Luis Santos

Hace siglos, la diosa huichola Cacahué era venerada por sus creyentes con la danza de los Paixtles; hoy, este rito todavía perdura, pero desposeído ya de su intención original.


La danza de los Paixtles forma parte de una ceremonia ritual petitoria, antiguamente destinada al culto a la diosa huichola Cacahué, madre de los dioses y de la vegetación.
El 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, Ciudad Guzmán, quezque antiguamente se llamo Zapotlán, se engalana para recibir a los cientos de visitantes que llegan a presenciar la danza de los Paixtles, Paixtles o Paistes, que, desgraciadamente, tiende a desaparecer, aunque todavía puede verse en otras partes del estado de Jalisco, como la región de Tuxpan, San Andrés Ixtlán y Tonila, además de Ciudad Guzmán. Este último poblado es el que se apega más a la tradición.
Esta danza tiene todavía un doble propósito, devoción y diversión; generalmente cuando más indígena es el pueblo mayor es el énfasis en la primera, y cuanto más mestizo en la última.
La fiesta es para la población como la pincelada de color  en la monotonía de su vida. A su preparación dedican mucho tiempo, con objeto de poder financiar o aprender su papel de actuación en la que debe ser la mejor celebración al santo patrono, bajo cuya protección viven y trabajan. Es como una obra de arte a la que todos contribuyen de la mejor manera posible, ya sea en la decoración, la comida, la danza, los trajes o los fuegos de artificio.

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El campesino se transforma
Todo el pueblo participa, junto con centenares de peregrinos de poblaciones vecinas que vienen a beneficiarse con los supuestos milagros de la imagen local, o a traer mercancía para el tianguis donde se exhiben los productos agrícolas y las artesanías de cada lugar.
El estruendo de los cohetes y el repique de las campanas anuncian el comienzo de las fiestas, generalmente con una misa  tempranera a la que acuden algunos danzantes, que bailan en honor de la Inmaculada Concepción, los mismos que después danzaran en el atrio el resto del día. Encontrarse hombro con hombro con la población indígena de Ciudad Guzmán, verlos sonreír, realizar sus ocupaciones, comer sus censillos pero sabrosos platillos, platicar y, sobre todo observar sus danzas y el misterio en el rostro de los danzantes es una profunda experiencia que nos remonta a varios siglos en la historia cuando cada movimiento y gesto que ahora vemos tenía significado y todo mundo lo sabía, incluso los niños, pues era parte de su educación.
Este día el campesino, retraído y tímido se transforma. Luce su tocado, la chaquira, adornos colgantes, brillantes telas, su inseparable máscara. No importa el significado de tiempo y esfuerzo para aprender los largos parlamento, o de dinero para adquirir el vestuario, aunque sólo por un día; mientras dura la representación, el humilde campesino abandona  su posición de hombre marginado y se convierte en un príncipe con todo su esplendor.
Los danzantes se cubren el cuerpo con una planta parásita que cuelga de los árboles, y que en México se llama heno en la cabeza llevan un elevado penacho confeccionado con cintas de colores y un pequeño sombrero que tiene en el centro un espejo; cubren su rostro con pequeñas mascaras de cartón o madera, y un pañuelo les tapa la cabeza, el cuello y la parte alta de la mascara.
En la mano derecha llevan una sonaja, mientras en la izquierda empuñan un bastón de otate, cuyo puño representa una cabeza de venado (igual al bastón con que se representa a Cacahué, “La mujer más vieja del mundo”), a la que atan cordeles que suenan al golpear el bastón en el suelo al ritmo de la danza.

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 Ritual petitorio

Esta danza se celebraba antiguamente para pedir a los dioses agua, sol, buena cosecha y para alejar las enfermedades. Actualmente, todos los hombres de la comunidad pueden participar en ella. Fundamentalmente los jefes de familia, que para purificarse antes de la ceremonia se retiran al campo durante varios días, donde preparan las bebida llamada balché poniendo a fermentar la corteza del árbol del mismo nombre. Agarrados de las manos danzan alrededor de la bebida que ofrecerán a sus dioses y toman de ella grandes cantidades.
Para bailar se alinean en dos filas y empiezan haciendo sonar los cascabeles de sus bastones,  a la vez que lanzan gritos y alaridos; después, al compás de la música monótona de los violines y un teponaxtle, siguen el ritmo con saltos y golpes de pies, dan vueltas a izquierda y derecha, forman una fila y vuelven a colocarse en dos. Los embarazosos trajes no les permiten interpretar más que los pasos más simples, lo que da un aire de gran dignidad a sus movimientos, de marcado primitivismo.
De cuando en cuando se llevan la mano izquierda a la boca para lanzar gritos que detrás de las máscaras parecen provenir de un misterioso animal.
Al término de la danza, bailan alrededor de la iglesia; después van a las casas de algunos amigos, pidiendo “trago”, acompañados de los músicos, que tocan la guitarra, sonaja, corneta y tambor; o guitarra, violín, arpa, tambor, corneta y flauta. Como complemento, se celebran competencias de diversa índole, entre ellas carreras de caballos (a veces, se cuelgan algunos gallos, que deben desplumar los que pasan a caballo).
(Antiguamente esta danza estaba destinada a solicitar a la diosa huichola Cacahué agua, sol, buena cosecha y buena salud).
(La máscara o el rostro tatuado elemento imprescindible en las danzas de todos los aborígenes precolombinos de México).

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Zapotlán visto por Lumholtz a fines del siglo pasado

Ascendiendo la mesa por donde pasa el camino para Zapotlán (en náhuatl, “lugar de zapotes”) se domina hacia atrás una hermosa vista de La Playa. Los dos erguidos volcanes de Colima que se levantan juntos, el uno despidiendo humo, y el otro (de una altura de 14 225 pies) extinto y cubierto de nieve, aparecen mas vistosos vistos desde el sur y el oriente que de Zapotlán. Dichas cumbres se ven asimismo bien desde el extremo sur de La Playa. Los habitantes de los pueblos circunvecinos deben el lujo de tomar nieve al Nevado de Colima, de donde recogen el hielo que necesitan para ese objeto.
La ciudad de Zapotlán el Grande, o Ciudad Guzmán, consiste en su mayor parte de bajas casas de adobe que forman largas y angostas calles. La plaza es grande, pero se ve desierta y desnuda ahora que la privaron de sus magníficos fresnos para hacer un jardín que por la escasez de agua no prosperará nunca. El aspecto de la ciudad no es muy atractivo. Hay un hotel muy amplio, pero mal atendido. El numero de mendigos de profesión es alarmante, muchos de los cuales, jóvenes y vestidos con limpieza, lo asedian a uno en la calle y en el mesón. Aun varios chiquillos practican esa industria. Fue aquella la primera vez que encontré mendigos en mi camino.
En cuanto a los indios de esos parajes han perdido enteramente sus antiguas costumbres y apenas se acuerdan de su lengua nativa, que era un dialecto del náhuatl; pero a pesar de esa mexicanización, los dioses de sus antepasados siguen rigiendo el espíritu de sus descendientes. Por ejemplo, creen que San Isidro dirige las nubes, da las lluvias y hace crecer las sementeras, Santo Santiago es un marrullero que se ha enriquecido a costa de los indios, y aunque no lo quieran, siempre se sale con las suyas, porque le tiene miedo, San Mateo es el autor del viento y las heladas.
Por lo demás, esos desventurados indígenas consumen toda su vida en trabajar para los blancos, y gastan sus salarios en fiestas para los santos. En el estreno del santo patrono de una casa, cuya imagen compran en un centavo, gastan los indios de Zapotlán, según me refirió un padre, las cantidades siguientes:

Vidrio y marco para la imagen…………………………………………. $0.10
Bendición del cura……………………………………………………….   0.25
Dos músicos……………………………………………………………... 12.00
Comida y tequila………………………………………………………… 50.00
Tres o cuatro docenas de cohetes…………………………………….    2.00

Total……………………………………………………………………... $64.35

Nunca llega a desarraigárseles la antigua idea de la importancia de una fiesta. Tomando parte en ella es como asegura el indio la salud y la dicha, de donde nace la imposibilidad de conseguir que trabajen ni los naturales civilizados cuando se aproxima alguna festividad.
Una vez ofrecieron a uno veinticinco centavos por cuidar la casa de un mexicano durante un día, pero se negó porque iba a una fiesta, diciendo: “Un solo tamal de la fiesta vale más de una peseta”. Cuando estos indios se separan después de tales holgorios, nunca se despiden unos de otros, sino que simplemente ensillan sus mulas o su caballo y se van.

(tomado de El México Desconocido, de Carl Lumholtz, vol. II, cap. XVIII; edición Instituto Nacional Indigenista)



Revista: México Desconocido.
Fecha: Enero 1987.
Texto: Leticia Tovar y José Luis Santos
Pág.: 34, 35,36.
Vol. 10
Jalisco.


4 comentarios:

  1. Que triste leer que el credito se lo den a Ciudad Guzman.. cuando ahi no existe nada relacionado con esta danza...

    Tuxpan y San Andres Ixtlan son los unicos pueblos que la conservan..

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    1. Hola "Anonimo", gracias por el comentario, y te invitamos a que nos compartas tu versión, pues si esto se publica, es porque es de lo poco que hay, si nos ilustraras más con una versión tuya, con gusto te la publicamos y los lectores que saquen sus conclusiones....
      ¿Cómoves? nos envias algo?
      Por lo pronto aqui se deja tu coemntario para que sepan de donde son las fotos, y donde existe la danza y que por tu conducto sepan donde y cómo es que aún existe......VA?

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  2. El texto y fotografia son de la danza Los Paixtlis de San Andrés Ixtlán.

    Leticia Tovar y José Luis que piratas son... lo más triste es que lo publiquen.

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  3. esto no me dice nada de lo q kiero ahora si q son piratas

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