sábado, 2 de abril de 2011

PREPARANDO EL "INCENDIO"

En colaboración con mis Alumnos de la Preparatoria 7 estamos preparando la celebración del "Viernes de Dolores", en donde según la tradición que tiene la escuela, iniciada, conservada y fomentada por los Maestros Gabriela Santibañes y Hector Anaya Paez, y para este año de 2011 nos han invitado a partcipar, trataremos de mantener esta tradición de nuestra Institución.


Aqui les dejo los datos que nos proporcionaron los Maestros y el audio de la música que usaremos para la ambientación de la celebración en este año.
Este Audio es de la Grabación del Primer Disco del Grupo Folklórico de la Universidad de Guadalajara, allá por el año de 1968 del cuadro "Serenata de Antaño".


EL PRESENTE MATERIAL ES RECOPILACIÓN DE LOS MAESTROS

GABRIELA SANTIBAÑEZ Y HECTOR ANAYA PAEZ,

Quienes lo elaboraron para la Tradicional celebración de los Viernes de Dolores que año con año celebran enla Escuela Preparatoria Nº 7 de la Universidad de Guadalajara dentro de las aactividades del TALLER DE APRECIACIÓN ARTÍSTICA

El Viernes de Dolores es una festividad reflexiva en la cual se recuerda el sufrimiento de la madre de Jesús en la pasión y muerte de su hijo.

Para la celebración de este acto de espiritualidad, se realizan altares sumamente bellos en los que se plasma la creatividad, en cuya riqueza de elementos de ornato, cargados de simbolismo, se manifiesta la fe del pueblo conservador de sus tradiciones y costumbres.

El Altar de Dolores regularmente se realiza en la sala de una casa, o un espacio cerrado con ventanas o puertas por donde se pueda apreciar, lleno de hilos con papel minuciosamente picado o entresacado, en colores blanco o morado; también se combinan. Las mesas o estructuras donde estará el altar se cubrirán con manteles muy blancos cuyos detalles en deshilados o filigranas llamarán la atención de quienes asistan a la celebración. En el altar se encontrarán cantidades de velas de cera y flores blancas y moradas, ramas de pino fresco de donde cuelgan palomitas de papel blanco, frutas agrias, lechugas frescas, germinado de algunas semillas nacidas en la oscuridad para mantener un color claro y muy tierno, alfalfa, banderitas de papel brilloso, manzanilla en flor y por supuesto en la parte central y en alto la imagen de la Virgen de los Dolores.

Al término de la celebración se acostumbra ofrecer a los asistentes vasos con agua fresca de diferentes sabores.


Los Siete Dolores de la Virgen María

Primer dolor
La profecía del anciano Simeón

Segundo dolor
La angustia que padeció en la huida y permanencia en Egipto

Tercer dolor
La pérdida de su hijo Jesús

Cuarto dolor
Cuando encontró a su hijo llevando la cruz a cuestas

Quinto dolor
Cuando asistió a Jesús en la agonía

Sexto dolor
La herida que sufrió su piadoso corazón cuando un soldado con su lanza abrió el costado de su hijo Jesús

Séptimo dolor
La sepultura de su sagrado hijo



El Viernes de Dolores en Guadalajara

Los franciscanos fueron quienes evangelizaron durante todo el siglo XVI lo que es hoy el estado de Jalisco, y quienes implantaron desde el inicio de la evangelización la costumbre del Viernes de Dolores.

Las cofradías desempeñaron un papel importante en la difusión de esta devoción mariana que pronto llegó a ser muy popular, Se cree que en la segunda mitad del siglo XVI ya existía en Guadalajara.

En Guadalajara se iniciaban las celebraciones de Semana Santa el Viernes de Dolores, día en que terminaba la novena dedicada a la Virgen de los Dolores y se instalaba un altar en cada templo. Desde el jueves, un día antes de la fiesta, pasaban los arrieros con sus cargas de ramas de pino para venderlas en el mercado Alcalde, ya que dicho árbol servía para adornar los incendios, mismos que recibían su nombre por el derroche de luces que se hacia en los altares de Dolores y que los hacía verse desde lejos.

Desde el Viernes de Dolores y durante toda la Semana Santa, en la Plazuela de la Soledad, hoy Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, se vendían empanadas y agua fresca "toreada" con tequila o aguardiente para la gente que visitaba los altares.

Algunas personas durante el siglo pasado, queriendo destacar su interés por el altar, remataban la conmemoración religiosa con un sonado baile: Ése fue uno de los motivos por los cuales el señor obispo don Diego Aranda y Carpinteiro, en 1850, giró instrucciones a las parroquias en las que prohibía los incendios.

Cabe señalar que cien años atrás, el obispo Francisco de Buenaventura Martínez y Tejada había hecho lo mismo.

Los altares más visitados del barrio del Santuario eran los de Concha (que vendía menudo y vivía por Manuel Acuña y Coronel Calderón), el de don Germán Velasco (por Belén y Angulo), el de doña Toña (por Venustiano Carranza y Herrera y Cairo) y el de doña Severita, la "Chapulina", que adornaba el altar con festones de pino y elaboraba una alfombra de alfalfa fresca. Este altar era muy concurrido por familiares y amigos que rezaban el rosario, y después "lloraba ponche la Virgen" y también había galletas y agua. fresca de piña, tamarindo y cebada.

Andaban los hombres a caballo, charros y no charros, por Venustiano Carranza, del Teatro Degollado al Jardín Botánico, y se detenían en casa de Toña, inquilina de don Boni Serra, porque allí se instalaba un altar con insignias vivas.

Asimismo, todos los lecheros del mercado Alcalde, que vivían en el barrio del Retiro, salían en sus caballos a ver si había "llorado la Virgen" con las familias que eran sus clientes y en algunas ocasiones les ayudaban a encajar entre el trébol y el pino unas palomitas de clara de huevo con piquito de popote, ojos negros y cola de papel, que representaban a las palomas habaneras que acompañaron a la Virgen en su dolor después de la crucifixión de su hijo Jesús.

Desde entonces el canto de las palomas habaneras se entristeció y su cuello adornó con un collar negro.

En Mezquitán, mucha gente hacía su altar y en algunas partes había chirimía, Don David instalaba su altar por la calle de Tamaulipas, y lo mismo hacían el- "Güero" y el señor Pedro Gómez, enterradores del panteón de Mezquitán, Llevaban la imagen de La Dolorosa al templo para que permaneciera ahí durante la misa, y después seguían la fiesta en las casas donde daban enchiladas y atole, También había "rifa". Daban un papelito a las personas conocidas para ver a quién le tocaba vestir ala Virgen o comprar cohetes.

En los altares había muchas flores llamadas perritos.



Los Incendios o Altares de Dolores

Se hacían los altares de Dolores en Guadalajara, San Pedro Tlaquepaque y Zapopan, con el fin de conmemorar los sagrados padecimientos de la Santísima Virgen.

Para la preparación del altar de Dolores, se requiere tiempo, pues además del buen gusto, se preparan poco a poco todas las cosas. Por ejemplo, se ponen a nacer en vasijas o botes, trigo, cebada, chía, lenteja o alpiste. Esto es lo más común. Una vez puestas a nacer las semillas, los recipientes se ocultan en algún lugar oscuro con el propósito de que las plantas tiernas adquieran un color amarillento.

La imagen

La imagen de la Dolorosa, pintura o cromo, es el motivo central del incendio y suele ser muy admirada y comentada por la gente que acude a visitar el altar. En Zapopan hubo un escultor llamado Cruz de la Mora que tenía fama de hacer artísticos altares, pues como tenía en su taller muchas figuras e imágenes y cada año dedicaba tiempo a los preparativos y realización del altar. Mucha gente esperaba a ver terminado el trabajo, que era muy comentado por su laboriosidad y buen gusto.

Costumbre

Además de que en tiempos pasados toda la gente se conocía, los altares de Dolores daban a los habitantes un motivo para ir a visitar "que la casa de don Juan, que la casa de don Pedro,

que la casa de la familia Orozco, que la de los Velarde, que la de don Homobono Trejo, etc."; es decir, con los altares de Dolores se fomentaba la amistad, la comunicación, identidad y el carácter de la comunidad unida por los vínculos comunes.

Aguas frescas

El altar de Dolores trae también consigo el trabajo de la preparación del agua fresca que se ofrece a los visitantes; se hace agua de todos colores y sabores, como si el agua también fuera parte de la decoración. Agua de limón con chía o de limón pintada con el zumo que se raspa de las cáscaras de los limones, con terrones de azúcar; agua de roja jamaica, agua blanca de horchata con canela. Las tinajas o vasijas que contienen el agua se colocan sobre mesas previamente cubiertas de alfalfa fresca.

Lágrimas de la Virgen

Cuando las personas llegan ante algún altar de Dolores y toman agua fresca, exclaman "!Ya lloró la Virgen!"; es decir, el agua fresca que se toma simboliza parte del dolor de la Virgen. El agua es como lágrimas, es la expresión del dolor compartido. Esta religiosidad salió de la iglesia a la calle y encarna vividamente en la ingenuidad del pueblo, de la gente que se alienta y fortalece sus costumbres con su inclinación natural hacia todo lo que es mágico. Se creía que las personas que hubieran tomado el agua no sufrirían dolor alguno durante el año.

Incendios

Era tanta la luz que fluía de los altares de Dolores que desafiaban el día; había tantas velas y veladoras encendidas, adornadas con banderitas de papel con colores plata y oro, que realmente semejaban un incendio. En algunos lugares como San Pedro Tlaquepaque, el festejo popular terminaba con un espléndido "castillo.

-¡Señora Virgen María, esparce en mi camino, sembrado de fatigas, el frescor de tus lágrimas aromadas!

El corazón de la Virgen es como una lechuga fresca y tierna, partida a la mitad, por el filo delgadito de la amargura.

-¡Señora Virgen María, haz que mi corazón renazca y sea otra vez tierno y niño como una pulpa de lechuga!

Las naranjas agrias no sólo dan su mundo redondo de color y de aroma, sino que son vasos de agua dormida, vasos de llanto callado, tumulto de gritos extendidos.

-¡Señora Virgen María, da a mi alma aunque sea el brillo de la más humilde de tus candelas!

La cebada y el trigo, la chía y la lenteja, como monjes penitentes, se retiran al encierro de la oscuridad para renacer vestidos de verde tierno, fresco, débil y quebradizo. Ese vestido verde es tu dolor de adentro, es tu sufrimiento amasado lentamente entre las aspas de las sombras.

-¡Señora Virgen María, haz que de mi noche, ahogada en lo profundo, brote el verde tierno de una nueva vida!

Aguas frescas de colores contrastados: verdes como gajos de bandera, rojas como borlas de amapola y blancas como nieve humillada en la altura. Aguas frescas en barriles transparentes, aguas virginales, como las lágrimas que a paso de silencio brotan de tus ojos pesados.

-¡Señora Virgen María, dame de beber un poco de tu agua que purifica!

-¿De qué lloró agua la Virgen?

-De dolor de limón.

-¿De qué lloró agua la Virgen?

-De dolor de jamaica, roja como la sangre.

-¿De qué lloró agua la Virgen?

-De dolor de horchata, nieve sacrificada,

-¿De qué lloró agua la Virgen? -De dolor de toronja y naranja

–¡Señora Virgen María, dame a beber de tu agua de dolor de limón para que yo refresque la amargura de mi pena!

Madre de los Dolores

¡Madre de los Dolores, doliente madre mía, permite que yo ponga mis labios en tu sien y flore acongojado con lágrimas de sangre al hijo que yo mismo sobre la cruz clavé! ¡Madre de los Dolores, yo fui quien con mis culpas llené de amargo acíbar el cáliz del dolor que Cristo compadecido bebió hasta las heces para bañar mi vida en aguas de perdón! Yo mismo fui quien puso sobre sus blancos hombros el peso insoportable del árbol de la cruz, y flagelé su cuerpo y entristecí su alma y abrí la cruenta llaga del pecho de Jesús. No fueron los verdugos las fieras inhumanas que más acongojaron la muerte del Señor; fueron .mis negras culpas las que mayor herida abrieron en el alma del dulce redentor. Perdona, madre mía, que hasta tus plantas llegue, para buscar contrito, caricias de tu amor; bien sé que clavé a Cristo sobre la cruz infame, pero al morir, Él dijo: ¡Perdónalos, Señor!

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